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Una Civilización Espiritual
El propósito de la religión es producir amistad y armonía entre las personas: “Todos los hombres han sido creados para llevar adelante una civilización en continuo progreso. El Todopoderoso es mi testigo: actuar como las bestias del campo no es digno del hombre. Las virtudes que corresponden a su dignidad son indulgencia, misericordia, compasión, y amorosa bondad hacia todos los pueblos y razas de la tierra”.
La verdadera civilización está fundamentada en las leyes y enseñanzas de Dios. Su base es espiritual, ya que una civilización así necesita que los individuos se dediquen al servición de los demás a la luz de los principios divinos.
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No os ocupéis con vuestros propios asuntos; que vuestros pensamientos se fijen en lo que será capaz de restituir la prosperidad de la humanidad y santificar los corazones y almas de los hombres. La mejor manera de lograr esto es mediante acciones puras y santas, vida casta y comporta- miento digno... Aferraos a la rectitud”.
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La educación es un aspecto importante del progreso humano, porque ayuda a asegurar que la gente adquiera la actitud y las destrezas necesarias para contribuir a una sociedad en continuo progreso. La educación debería incluir asuntos morales, así como el conocimiento intelectual. Como dicen los escritos bahá’is:
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Por lo tanto, concierne a los amigos de Dios poner empeño y esforzarse con ahínco en promover el conocimiento divino, la cultura y la ciencia, pues a corto plazo, quienes hoy son escolares se convertirán en los más eruditos de todos los sabios. Este es un servicio rendido a Dios mismo, y es uno de sus ineludibles mandamientos”.
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Santuario de Bahá'u'lláh
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